«Padre eterno, confírmame; Hijo eterno; confírmame; Espíritu Santo eterno, confírmame; Santa Trinidad, confírmame; un solo Dios mío, confírmame»; con tanto ímpetu y devoción y lágrimas, y tantas veces esto diciendo, y tanto internamente esto sintiendo;y con un decir: «Y Padre Eterno, ¿no me confirmaréis?» como que tenía por sí, y así al Hijo y al Espíritu Santo.