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Oración de Invocación inicial V Señor, abre mis labios. R Y mi boca proclamará tu alabanza. Himno Crece la luz bajo tu hermosa mano, Padre celeste, y suben los hombres matutinos al encuentro de Cristo primogénito. Él hizo amanecer ante tus ojos y enalteció la aurora, cuando aún no estaba el hombre sobre el mundo para poder cantarla. Él es principio y fin del universo, y el tiempo, en su caída, se acoge al que es la fuerza de las cosas y en él rejuvenece. Él es quien nos reanima y fortalece, y hace posible el himno que, ante las maravillas de tus manos, cantamos jubilosos. He aquí la nueva luz que asciende y busca su cuerpo misterioso; he aquí, en la claridad de la mañana, el signo de tu rostro. Envía, Padre eterno, sobre el mundo el soplo de tu Hijo, potencia de tu diestra y primogénito de todos los que mueren. Amén. Antífona 1 - Tu luz, Señor, nos hace ver la luz. Salmo 35 El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado: «No tengo miedo a Dios, ni en su presencia». Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida. Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien; acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino, /no rechaza la maldad. Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes, tu justicia hasta las altas cordilleras; tus sentencias son como el océano inmenso. Tú socorres a hombres y animales; ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!; los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón; que no me pisotee el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado. Han fracasado los malhechores; derribados no se pueden levantar. Antífona 1 - Tu luz, Señor, nos hace ver la luz. Antífona 2 - Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible. Cántico Jdt 16, 1-2-3.15 ¡Alabad a mi Dios con tambores, elevad cantos al Señor con cítaras, ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza, ensalzad e invocad su nombre! Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras, su nombre es el Señor. Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: Señor, tú eres grande y glorioso, admirable en tu fuerza, invencible. Que te sirva toda la creación, por-que tú lo mandaste y existió; enviaste tu aliento y la construiste, nada puede resistir a tu voz. Sacudirán las olas los cimientos de los montes, las peñas en tu presencia se derretirán como cera pero tú serás propicio a tus fieles. Antífona 2 - Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible. Antífona 3 - Aclamad a Dios con gritos de júbilo. Salmo 46 Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso. Antífona 3 - Aclamad a Dios con gritos de júbilo. Lectura breve Tob 4, 15-17. 19 No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan. Da de tu pan al hambriento y da tus vestidos al desnudo. Busca el consejo de los prudentes. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos. Resonsorio breve V Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos. R Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos. V Dame vida con tu palabra. R Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos. Cántico de Zacarías Antífona: Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza. Preces Demos gracias a Cristo y alabémoslo porque ha querido santificarnos y llamarnos hermanos suyos; digámosle, pues, confiados: Santifica, Señor, a tus hermanos. Concédenos, Señor, consagrar el principio de este día en honor de tu resurrección * y haz que todos los trabajos que realicemos durante esta jornada te sean agradables. Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos, * sobre todo en los tristes, en los más pobres y en los que son menos útiles a los ojos del mundo. Tú que para aumentar nuestra alegría y afianzar nuestra salvación nos das el nuevo día, signo de tu amor, * renuévanos hoy y siempre para gloria de tu nombre. Haz que durante este día estemos en paz con todo el mundo * y que a nadie devolvamos mal por mal. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Tal como Cristo nos enseñó, terminemos nuestra oración diciendo: Padre nuestro. Oración Señor Dios, salvador nuestro, danos tu ayuda para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así, los que de ti hemos nacido en el bautismo, seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |
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Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Vengo, Señor, cansado; ¡cuánta fatiga van cargando mis hombros al fin del día! Dame tu fuerza y una caricia tuya para mis penas. Salí por la mañana entre los hombres, ¡y encontré tantos ricos que estaban pobres! La tierra llora, porque sin ti la vida es poca cosa. ¡Tantos hombres maltrechos, sin ilusiones!; en ti buscan asilo sus manos torpes. Tu amor amigo, todo tu santo fuego, para su frío. Yo roturé la tierra y puse trigo; tú diste el crecimiento para tus hijos. Así, en la tarde, con el cansancio a cuestas, te alabo, Padre. Quiero todos los días salir contigo, y volver a la tarde siendo tu amigo. Volver a casa y extenderte las manos, dándote gracias. Amén. Antífona 1 - El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? + Salmo 26 I El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? + El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca; y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor. Antífona 1 - El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? + Antífona 2 - Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. II Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación. Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos. No me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. Antífona 2 - Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. Antífona 3 - Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo Cántico Col 1, 12-20 Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; pues por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas: haciendo la paz por la sangre de su cruz con todos los seres, así del cielo como de la tierra. Antífona 3 - Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo Lectura breve Stgo 1, 22-25 Llevad a la práctica Responsorio breve V Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí. R Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí. V No arrebates mi alma con los pecadores. R Ten misericordia de mí. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí. Cántico de Antífona: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Preces Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su amor nos mira como hijos, y digámosle: Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia; guárdala de todo mal * y haz que crezca en tu amor. Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como al único Dios verdadero * y a Jesucristo como el Salvador, que tú has enviado. A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes * y que tu bondad les dé la vida eterna. Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren: alivia sus dificultades * y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) En tu misericordia acoge a los que hoy han muerto * y dales posesión de tu reino. Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común: Padre nuestro. Oración Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche: tú que eres siempre inmutable da firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |












