Pensamiento del día

Oremos con la Iglesia (julio)

 

Oración de la Mañana - Laúdes

 

Invocación inicial

 

V Señor, abre mis labios.

R Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Himno

 

Crece la luz bajo tu hermosa mano,

Padre celeste, y suben

los hombres matutinos al encuentro

de Cristo primogénito.

 

Él hizo amanecer ante tus ojos

y enalteció la aurora,

cuando aún no estaba el hombre sobre el mundo

para poder cantarla.

 

Él es principio y fin del universo,

y el tiempo, en su caída,

se acoge al que es la fuerza de las cosas

y en él rejuvenece.

 

Él es quien nos reanima y fortalece,

y hace posible el himno

que, ante las maravillas de tus manos,

cantamos jubilosos.

 

He aquí la nueva luz que asciende y busca

su cuerpo misterioso;

he aquí, en la claridad de la mañana,

el signo de tu rostro.

 

Envía, Padre eterno, sobre el mundo

el soplo de tu Hijo,

potencia de tu diestra y primogénito

de todos los que mueren. Amén.

 

Antífona 1 - Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.

 

Salmo 118, 145-152

 

Te invoco de todo corazón;

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

 

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

 

Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

 

Antífona 1 - Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.

 

Antífona 2 - Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.

 

Cántico Sab 9, 1-6. 9-11

 

Dios de los padres y Señor de la misericordia,

que con tu palabra hiciste todas las cosas

y en tu sabiduría formaste al hombre,

para que dominase sobre tus creaturas,

y para que rigiese el mundo con santidad

y justicia y lo gobernase con rectitud de corazón.

 

Dame la sabiduría asistente de tu trono

y no me excluyas del número de tus siervos

porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,

hombre débil y de pocos años,

demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

 

Pues aunque uno sea perfecto

entre los hijos de los hombres,

sin la sabiduría, que procede de ti,

será estimado en nada.

 

Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras,

que te asistió cuando hacías el mundo,

y que sabe lo que es grato a tus ojos

y lo que es recto según tus preceptos.

 

Mándala de tus santos cielos

y de tu trono de gloria envíala

para que me asista en mis trabajos

y venga yo a saber lo que te es grato.

 

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,

y me guiará prudentemente en mis obras,

y me guardará en su esplendor.

 

Antífona 2 - Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.

 

Antífona 3 - La fidelidad del Señor dura por siempre.

 

Salmo 116

 

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos:

 

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

 

Antífona 3 - La fidelidad del Señor dura por siempre.

 

Lectura breve Fil 2, 14-15

 

Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generación mala y perversa, entre la cual aparecéis como antorchas en el mundo.

 

Responsorio breve

V A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

R A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

V Mi heredad en el país de la vida.

R Tú eres mi refugio.

V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

 

Cántico de Zacarías

 

Antífona: Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte.

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombras de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte.

 

Preces

 

Invoquemos a Dios por intercesión de María, a quien el Señor colocó por encima de todas las creaturas celestiales y terrenas, diciendo: Con-templa, Señor, a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

 

Padre de misericordia, te damos gracias porque nos has dado a María como madre y ejemplo; * santifícanos por su intercesión.

 

Tú que hiciste que María meditara tus palabras, guardándolas en su corazón, y fuera siempre fidelísima hija tuya, * por su intercesión haz que también nosotros seamos de verdad hijos tuyos y discípulos de tu Hijo.

 

Tú que quisiste que María concibiera por obra del Espíritu Santo,  * por intercesión de María otórganos los frutos de este mismo Espíritu.

 

Tú que diste fuerza a María para permanecer junto a la cruz y la llenaste de alegría con la resurrección de tu Hijo, * por intercesión de María confórtanos en la tribulación y reanima nuestra esperanza.

 

(Se pueden añadir algunas intenciones libres)

 

Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo Cristo nos enseñó: Padre nuestro.

 

Oración conclusiva

 

Dios misericordioso, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras dure nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos constantemente y podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

Conclusión

 

V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R Amén.

 

 

 

Oración de la Tarde - I Vísperas

 

Invocación inicial

 

V Dios mío, ven en mi auxilio.

R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc.

 

Himno

 

¿Quién es éste que viene,

recién atardecido,

cubierto por su sangre

como varón que pisa los racimos?

 

Éste es Cristo, el Señor,

que venció nuestra muerte

con su resurrección.

 

¿Quién es éste que vuelve,

glorioso y malherido,

y, a precio de su muerte,

compra la paz y libra a los cautivos?

 

Éste es Cristo, el Señor,

que venció nuestra muerte

con su resurrección.

 

Se durmió con los muertos,

y reina entre los vivos;

no le venció la fosa,

porque el Señor sostuvo a su elegido

Éste es Cristo, el Señor,

que venció nuestra muerte

con su resurrección.

 

Anunciad a los pueblos

qué habéis visto y oído;

aclamad al que viene

como la paz, bajo un clamor de olivos.

 

Éste es Cristo, el Señor,

que venció nuestra muerte

con su resurrección. Amén.

 

Antífona 1 - Desead la paz a Jerusalén.

 

Salmo 121

 

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

 

  Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

 

según la costumbre de Israel

 a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia

en el palacio de David.

 

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios».

 

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: «La paz contigo».

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

 

Antífona 1 - Desead la paz a Jerusalén.

 

Antífona 2 - Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

 

Salmo 129

 

Desde lo hondo a ti grito, Señor,

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica.

 

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

y así infundes respeto.

 

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora.

 

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

y él redimirá a Israel

de todos sus delitos.

 

Antífona 2 - Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

 

Antífona 3 - Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

Cántico  Fil 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo -nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor; para gloria de Dios Padre.

 

Antífona 3 - Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

Lectura breve 2Pe 1, 19-21

 

Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.

 

Responsorio breve

V De la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

R De la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

V Su gloria se eleva sobre los cielos.

R Alabado sea el nombre del Señor.

V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

 

Cántico de la Sma. Vg.

 

Antífona: «Venid conmigo a retiraros a un lugar apartado y descansad un poco», dice el Señor.

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: «Venid conmigo a retiraros a un lugar apartado y descansad un poco», dice el Señor.

 

Preces

 

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle: Míranos y escúchanos, Señor.

 

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre, * no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

 

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio, * sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

 

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones, * para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

 

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión, * y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

 

(Se pueden añadir algunas intenciones libres)

 

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad * con María y con todos tus santos.

 

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.

 

Oración

 

Mira con misericordia a estos tus hijos, Señor, y multiplica tu gracia sobre nosotros, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y el amor, perse-veremos en el fiel cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

Conclusión

 

V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R Amén.

 

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