Pensamiento del día

Oremos con la Iglesia febrero

 

Oración de la Mañana - Laudes

 

Invocación inicial

 

V Señor, abre mis labios.

R Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Himno

 

Dejado ya el descanso de la noche,

despierto en la alegría de tu amor,

concédeme tu luz que me ilumine

como ilumina el sol.

 

No sé lo que será del nuevo día

que entre luces y sombras viviré,

pero sé que, si tú vienes conmigo,

no fallará mi fe.

 

Tal vez me esperan horas de desierto

amargas y sedientas, mas yo sé

que, si vienes conmigo de camino,

jamás yo tendré sed.

 

Concédeme vivir esta jornada

en paz con mis hermanos y mi Dios,

al sentarnos los dos para la cena,

párteme el pan, Señor.

 

Recibe, Padre santo, nuestro ruego,

acoge por tu Hijo la oración

que fluye del Espíritu en el alma

que sabe de tu amor. Amén.

 

Antífona 1 - Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

Salmo 118, 145-152

 

Te invoco de todo corazón;

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

 

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

 

Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

 

Antífona 1 - Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

Antífona 2 - Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

Cántico Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18

 

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

 

Él es mi Dios: yo lo alabaré;

el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero,

su nombre es «Yahvé».

 

Los carros del Faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

 

Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,

las corrientes se alzaron como un dique,

las olas se cuajaron en el mar.

 

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,

repartiré el botín, se saciará mi codicia,

empuñaré la espada, los agarrará mi mano».

 

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,

se hundieron como plomo en las aguas formidables.

 

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tú, terrible entre los santos,

temible por tus proezas, autor de maravillas?

 

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;

guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,

los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

 

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor;

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

 

El Señor reina por siempre jamás.

 

Antífona 2 - Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

Antífona 3 - Alabad al Señor todas las naciones. +

 

Salmo 116

 

Alabad al Señor, todas las naciones,

+ aclamadlo, todos los pueblos:

 

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

 

Antífona 3 - Alabad al Señor todas las naciones. +

 

Lectura breve  2Pe 1, 10-11

 

Hermanos, poned más empeño todavía en consolidar vuestra vocación y elección. Si hacéis así, nunca jamás tropezaréis; de este modo se os concederá generosamente la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 

Responsorio breve

V A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

R A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

V Mi heredad en el país de la vida.

R Tú eres mi refugio.

V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

 

Cántico de Zacarías

 

Antífona: Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombras de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

 por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

 

Preces

 

Bendigamos a Cristo que para ser ante Dios el Pontífice misericordioso y fiel de los hombres se hizo en todo semejante a nosotros, y supliquémosle diciendo: Muéstranos, Señor, los te-soros de tu amor.

 

Señor, sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo, * te consagramos este nuevo día.

 

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada * y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

 

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra, * encamina hoy nuestros pasos para que obremos también como ella según tu voluntad.

 

Haz que mientras vivimos aún en este mundo que pasa, anhelemos la vida eterna * y por la fe, la esperanza y el amor vivamos ya contigo en tu reino.

 

(Se pueden añadir algunas intenciones libres)

 

Con la misma confianza que tienen los hijos con su padre, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole: Padre nuestro.

 

Oración

 

Te pedimos Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo.

 

Conclusión

 

V El Señor nos bendiga,

nos guarde de todo mal  y nos lleve a la vida eterna.

R Amén.

 

Oración de la Tarde - I Vísperas

 

Invocación inicial

 

V Dios mío, ven en mi auxilio.

R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc.

 

Himno

 

Los pueblos que marchan y luchan

con firme tesón

aclamen al Dios de la vid

Cantemos hosanna que viene el Señor.

 

Agiten laureles y olivos,

es Pascua de Dios,

mayores y niños repitan:

«Cantemos hosanna que viene el Señor».

 

Jesús victorioso y presente

ofrece su don

a todos los justos del mundo.

Cantemos hosanna que viene el Señor.

 

Resuenen en todo camino

de paz y de amor

alegres canciones que digan:

«Cantemos hosanna que viene el Señor».

 

Que Dios, Padre nuestro amoroso,

el Hijo y su Don

a todos protejan y acojan.

Cantemos hosanna que viene el Señor. Amén.

 

Antífona 1 - Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya. +

 

Salmo 118, 105-112

 

Lámpara es tu palabra para mis pasos,

luz en mi sendero;

+ lo juro y lo cumpliré:

guardaré tus justos mandamientos;

¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

 

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,

enséñame tus mandatos;

mi vida está siempre en peligro,

pero no olvido tu voluntad;

los malvados me tendieron un lazo,

pero no me desvié de tus decretos.

 

Tus preceptos son mi herencia perpetua,

la alegría de mi corazón;

inclino mi corazón a cumplir tus leyes,

siempre y cabalmente.

 

Antífona 1 - Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya. +

 

Antífona 2 - Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

 

Salmo 15

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;

yo digo al Señor: «Tú eres mi bien»

Los dioses y señores de la tierra

no me satisfacen.

 

Multiplican las estatuas

de dioses extraños;

no derramaré sus libaciones con mis manos,

ni tomaré sus nombres en mis labios.

 

El Señor es mi heredad y mi copa;

mi suerte está en tu mano:

me ha tocado un lote hermoso,

me encanta mi heredad.

 

Bendeciré al Señor, que me aconseja,

hasta de noche me instruye internamente.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré.

 

Por eso se me alegra el corazón,

se gozan mis entrañas,

y mi carne descansa serena.

Porque no me entregarás a la muerte,

ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

 

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha.

 

Antífona 2 - Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

 

Antífona 3 - Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

Cántico  Fil 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor; para gloria de Dios Padre.

 

Antífona 3 - Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

Lectura breve  Col 1, 3-6ª

 

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

 

Responsorio breve

V De la salida del sol hasta su ocaso,  alabado sea el nombre del Señor.

R De la salida del sol hasta su ocaso,  alabado sea el nombre del Señor.

V Su gloria se eleva sobre los cielos.

R Alabado sea el nombre del Señor.

V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

 

Cántico de la Sma. Vg.

 

Antífona:  Dichosos vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora padecéis hambre, porque seréis saciados.

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona:  Dichosos vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora padecéis hambre, porque seréis saciados.

 

Preces

 

Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

 

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa Benedicto XVI y por nuestro obispo N.  *  protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

 

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo, * para que así tengan también parte en su consuelo.

 

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse * y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

 

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra * para que a nadie falte el pan de cada día.

 

(Se pueden añadir algunas intenciones libres)

 

Señor, ten piedad de los difuntos * y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

 

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.

 

Oración

 

Oh Dios, has prometido permanecer con los rectos y sinceros de corazón; concédenos vivir de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

Conclusión

 

V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R Amén.

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