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Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Heme, señor, a tus divinas plantas, Baja la frente y de rubor cubierta, Porque mis culpas son tales y tantas, Que tengo miedo a tus miradas santas Y el pecado mío a respirar no acierta. Más ¡ay!, que renunciar la lumbre hermosa De esos divinos regalados ojos es condenarme a noche tenebrosas, y esa noche es horrible, es espantosa para el que gime antes tus pies del hinojos. Dame licencia ya, padre adorado, para mirarte y moderar mi miedo; mas no te muestres de esplendor cerrado, porque solo en la cruz mirarte puedo. Amén. Antífona 1 - El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses. Salmo 134 I Alabad el nombre del Señor, alabadlo, siervos del Señor, que estáis en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios. Alabad al Señor porque es bueno, tañed para su nombre, que es amable. Porqué él se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya. Yo sé que el Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses. El Señor todo lo que quiere lo hace: en el cielo y en la tierra, en los mares y en los océanos. Hace subir las nubes desde el horizonte, con los relámpagos desata la lluvia, suelta a los vientos de sus silos. Él hirió a los primogénitos de Egipto, desde los hombres hasta los animales. Envió signos y prodigios —en medio de ti, Egipto— contra el Faraón y sus ministros. Hirió de muerte a pueblos numerosos, mató a reyes poderosos: a Sijón, rey de los amorreos; a Hog, rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán. Y dio su tierra en heredad, en heredad a Israel, su pueblo. Antífona 1 - El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses. Antífona 2 - Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable. II Señor, tu nombre es eterno; Señor, tu recuerdo de edad en edad. Porque el Señor gobierna a su pueblo y se compadece de sus siervos. Los ídolos de los gentiles son oro y plata, hechura de manos humanas: tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen, no hay aliento en sus bocas. Sean lo mismo los que los hacen, cuantos confían en ellos. Casa de Israel, bendice al Señor; casa de Aarón, bendice al Señor; casa de Leví, bendice al Señor; fieles del Señor, bendecid al Señor. Bendito en Sión el Señor, que habita en Jerusalén. Antífona 2 - Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable. Antífona 3 - Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor. Cántico Ap 15, 3-4 Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos. Antífona 3 - Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor. Lectura breve Fil 2, 12b-15ª Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha. Responsorio breve V Yo dije: «Señor, ten misericordia». R Yo dije: «Señor, ten misericordia». V Sáname, porque he pecado contra ti. R Señor, ten misericordia. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Yo dije: «Señor, ten misericordia». Cántico de Antífona: Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Preces Demos gracias a Dios Padre, que estableció en la sangre de Cristo una alianza nueva y eterna con su pueblo y la renueva en el sacramento del altar, y supliquémosle, diciendo: Bendice, Señor, a tu pueblo. Dirige, Señor, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes por los caminos de tu voluntad, * para que procuren con empeño el bien común. Aumenta el fervor de aquellos que, habiéndolo dejado todo, siguieron a Cristo, * para que su vida sea luz para los hombres y claro testimonio de la santidad de tu Iglesia. Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya, * haz que sin-tamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres. Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti, * y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Admite a los difuntos en tu gloria, * para que te alaben eternamente. Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, digamos confiados a nuestro Padre: Padre nuestro. Oración Al empezar esta cuaresma, te pe-dimos, Señor, que nos des un verdadero Espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |













