![]() |
|
|


![]() |
|
Oración de Invocación inicial V Señor, abre mis labios. R Y mi boca proclamará tu alabanza. Himno Tú, Cefas, eres Pedro y eres roca, eres maestro fiel y gobernante de la barca divina en que viajamos de esta sombra a la aurora rutilante. Eres piedra angular en que se basa el templo espiritual del Dios viviente; tu humilde llanto canceló la culpa de tu culpable labio irreverente. Demos gracias al Padre y a su Hijo, y al Espíritu, fuego sempiterno, porque por la fuerza terrible del infierno. Amén. Antífona 1 - El Señor dijo a Simón: «Ten ánimo, de hoy en adelante vas a ser pescador de hombres». Salmo 62, 2-9 ¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo; mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré de manjares exquisitos, y mis labios te alabarán jubilosos. En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. Antífona 1 - El Señor dijo a Simón: «Ten ánimo, de hoy en adelante vas a ser pescador de hombres». Antífona 2 - «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo «Bienaventurado eres tú, Simón Pedro». Cántico Dn 3, 57-88. 56 Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos. Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor. Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor. Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor. Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor. Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor. Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor. Escarchas y nieves, bendecid al Señor, noche y día, bendecid al Señor. Luz y tinieblas, bendecid al Señor, rayos y nubes, bendecid al Señor. Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos. Montes y cumbres, bendecid al Señor, cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor. Manantiales, bendecid al Señor, mares y ríos, bendecid al Señor. Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor. Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos. Hijos de los hombres, bendecid al Señor, bendiga Israel al Señor. Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor. Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor. Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos. Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos. Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos. Antífona 2 - «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo «Bienaventurado eres tú, Simón Pedro». Antífona 3 - El Señor dijo a Pedro: «Yo te daré las llaves del reino de los cielos». Salmo 149 Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes. Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos: para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones, sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro. Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles. Antífona 3 - El Señor dijo a Pedro: «Yo te daré las llaves del reino de los cielos». Lectura breve He 15, 7b-9 Dios determinó que por mi boca escuchasen los gentiles la doctrina del Evangelio y llegasen a la fe. Dios, que conoce los corazones, se ha declarado en favor de ellos, al darles el Espíritu Santo, igual que a nosotros; y no ha establecido diferencia alguna entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones por la fe. Responsorio breve V Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. R Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. V Harán memorable tu nombre, Señor. R Sobre toda la tierra. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. Cántico de Zacarías Antífona: Dijo el Señor a Simón Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez con- vertido, confirma a tus hermanos». Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Dijo el Señor a Simón Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez con- vertido, confirma a tus hermanos». Preces Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor. Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida. Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo. Te alabamos. Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo. Te alabamos. Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro. Oración No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |
![]() |
|
Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Lo que en la tierra Pedro quiera atar será con fuerza atado allá, en el cielo; lo que en la tierra mande desatar será soltado en el celeste reino. Al fin del tiempo, al mundo juzgará. Al Padre, gloria eterna por los siglos, al Hijo, el Unigénito, alabanzas, honor también al celestial Espíritu; a ti, Dios Uno y Trino, nuestras almas te alaben por los siglos infinitos. Amén. Antífona 1 - «Pedro, ¿me amas?» «Sí, Señor, tú sabes que te amo» «Apacienta mis ovejas». Salmo 115 Tenía fe, aun cuando dije «¡Qué desgraciado soy!» Yo decía en mi apuro: «Los hombres son unos mentirosos». ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Vale mucho a los ojos del Señor la vida de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo; en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. Antífona 1 - «Pedro, ¿me amas?» «Sí, Señor, tú sabes que te amo» «Apacienta mis ovejas». Antífona 2 - Mientras Pedro estaba detenido en la cárcel, Salmo 125 Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas. Antífona 2 - Mientras Pedro estaba detenido en la cárcel, Antífona 3 - Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Cántico Ef 1, 3-10 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos consagrados e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, las del cielo y las de la tierra. Antífona 3 - Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Lectura breve 1Pe 1, 3-5 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Responsorio breve V Contad a los pueblos la gloria del Señor. R Contad a los pueblos la gloria del Señor. Y Sus maravillas a todas las naciones. R Contad a los pueblos la gloria del Señor. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Contad a los pueblos la gloria del Señor. Cántico de Antífona: Tú eres pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; a ti te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Tú eres pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; a ti te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos. Preces Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia. Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo. Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría. Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida. Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro. Oración No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |













