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Oración de Invocación inicial V Señor, abre mis labios. R Y mi boca proclamará tu alabanza. Himno Cuando vuelvo hacia ti mi pecado Iba pensando en confesar sincero El dolor desgarrado y verdadero Del delito de haber abandonad; Cuando pobre vuelvo a ti humillado, Me ofrecí como inmundo pordiosero Cuando, temiendo tu mirar severo, baje los ojos; me sentí abrazado sentí mis labios por tu amor sellados y ahogarse entre tus lagrimas divinas la triste confesión de mis pecados. Llenosé el alma en luces matutinas, Y viendo ya mis males perdonados, Quise para mi frente tus espinas. Amén. Antífona 1 - Tu luz, Señor, nos hace ver la luz. Salmo 35 ¡El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado «No tengo miedo a Dios. Ni en su presencia». Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida. Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien; acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad. Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes, tu justicia hasta las altas cordilleras; tus sentencias son como el océano inmenso. Tú socorres a hombres y animales; ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!; los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón; que no me pisotee el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado. Han fracasado los malhechores; derribados no se pueden levantar. Antífona 1 - Tu luz, Señor, nos hace ver la luz. Antífona 2 - Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible. Cántico Jdt 16, 2-3. 15-19 ¡Alabad a mi Dios con tambores, elevad cantos al Señor con cítaras, ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza, ensalzad e invocad su nombre! Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras, su nombre es el Señor. Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: Señor, tú eres grande y glorioso, admirable en tu fuerza, invencible. Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste y existió; enviaste tu aliento y la construiste, nada puede resistir a tu voz. Sacudirán las olas los cimientos de los montes, as peñas en tu presencia se derretirán como cera, pero tú serás propicio a tus fieles. Antífona 2 - Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible. Antífona 3 - Aclamad a Dios con gritos de júbilo. Salmo 46 Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso. Antífona 3 - Aclamad a Dios con gritos de júbilo. Lectura breve Dt 7, 6. 8-9 El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos. Responsorio breve V Él me librará de la red del cazador. R Él me librará de la red del cazador. V Me cubrirá con su plumaje. R Él me librará de la red del cazador. V Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. R Él me librará de la red del cazador. Cántico de Zacarías Antífona: Esta raza es una raza perversa: pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Esta raza es una raza perversa: pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Preces Bendigamos al Autor de nuestra salvación, que ha querido renovar en sí mismo todas las cosas, y digámosle: Renuévanos, Señor, por tu Espíritu Santo. Señor, tú que nos has prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, renuévanos sin cesar por tu Espíritu Santo, * para que lleguemos a gozar eternamente de ti en la nueva Jerusalén. Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu * y se logre así más eficazmente la justicia, el amor y la paz universal. Enséñanos, Señor, a corregir nuestra pereza y nuestra desidia * y a poner nuestro corazón en los bienes eternos. Líbranos del mal * y presérvanos de la fascinación de la vanidad que oscurece la mente y oculta el bien. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Digamos al Padre, unidos a Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro. Oración Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |
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Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Cuando vuelvo hacia ti mi pecado Iba pensando en confesar sincero El dolor desgarrado y verdadero Del delito de haber abandonad; Cuando pobre vuelvo a ti humillado, Me ofrecí como inmundo pordiosero Cuando, temiendo tu mirar severo, baje los ojos; me sentí abrazado sentí mis labios por tu amor sellados y ahogarse entre tus lagrimas divinas la triste confesión de mis pecados. Llenosé el alma en luces matutinas, Y viendo ya mis males perdonados, Quise para mi frente tus espinas. Amén. Antífona 1 - El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? + Salmo 26 I El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? + El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca; y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor. Antífona 1 - El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? + Antífona 2 - Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. II Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro» Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación. Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos. No me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. Antífona 2 - Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. Antífona 3 - Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo. Cántico Col 1, 12-20 Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; pues por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas: haciendo la paz por la sangre de su cruz con todos los seres, así del cielo como de la tierra. Antífona 3 - Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo. Lectura breve Fil 2, 12b-15ª Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha. Responsorio breve V Yo dije: «Señor, ten misericordia». R Yo dije: «Señor, ten misericordia». V Sáname, porque he pecado contra ti. R Señor, ten misericordia. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Yo dije: «Señor, ten misericordia». Cántico de Antífona: Como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el seno de la tierra. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el seno de la tierra. Preces Alabemos a Dios todopoderoso y providente, que conoce todas nuestras necesidades pero quiere ante todo que busquemos su reino; supliquémosle, pues, diciendo: Venga, Señor, tu reino y su justicia. Padre santo, que nos diste a Cristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores y a los pueblos a ellos confiados, para que no falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores * ni falte a los pastores la obediencia de su rebaño. Mueve a los cristianos para que con amor fraternal se interesen por los enfermos * y que en ellos socorran a tu Hijo. Haz que entren a formar parte de tu Iglesia los que aún no creen en el Evangelio, * y que, con sus buenas obras, la hagan crecer en el amor. A nosotros, pecadores, concédenos, tu perdón * y la reconciliación con tu Iglesia. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) A los que murieron concédeles resucitar a la vida eterna * y morar eternamente contigo. Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro. Oración Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |













