Pensamiento del día

Oremos con la Iglesia febrero

 

Oración de la Mañana - Laudes

 

Invocación inicial

 

V Señor, abre mis labios.

R Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Himno

 

Dejado ya el descanso de la noche,

despierto en la alegría de tu amor,

concédeme tu luz que me ilumine

como ilumina el sol.

 

No sé lo que será del nuevo día

que entre luces y sombras viviré,

pero sé que, si tú vienes conmigo,

no fallará mi fe.

 

Tal vez me esperan horas de desierto

amargas y sedientas, mas yo sé

que, si vienes conmigo de camino,

jamás yo tendré sed.

 

Concédeme vivir esta jornada

en paz con mis hermanos y mi Dios,

al sentarnos los dos para la cena,

párteme el pan, Señor.

 

Recibe, Padre santo, nuestro ruego,

acoge por tu Hijo la oración

que fluye del Espíritu en el alma

que sabe de tu amor. Amén.

 

Antífona 1 - Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. +

 

Salmo 107

 

Dios mío, mi corazón está firme,

+ para ti cantaré y tocaré, gloria mía.

Despertad, cítara y arpa,

despertaré a la aurora.

 

Te daré gracias ante los pueblos, Señor,

tocaré para ti ante las naciones:

por tu bondad, que es más grande que los cielos;

por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

 

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria;

para que se salven tus predilectos,

que tu mano salvadora nos responda.

 

Dios habló en su santuario:

«Triun-fante ocuparé Siquén,

parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,

Efraím es yelmo de mi cabeza,

Judá es mi cetro;

 

Moab, una jofaina para lavarme,

sobre Edom echo mi sandalia,

sobre Filistea canto victoria».

 

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,

quien me conducirá a Edom,

si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado

y no sales ya con nuestras tropas?

 

Auxílianos contra el enemigo,

que la ayuda del hombre es inútil;

con Dios haremos proezas,

Él pisoteará a nuestros enemigos.

 

Antífona 1 - Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. +

 

Antífona 2 - El Señor me ha revestido de justicia y santidad.

 

Cántico Is 61, 10—62, 5

 

Desbordo de gozo en el Señor,

y me alegro con mi Dios:

porque me ha vestido un traje de gala

y me ha envuelto en un manto de triunfo,

como a un novio que se pone la corona,

o a una novia que se adorna con sus joyas.

 

Como el suelo echa sus brotes,

como un jardín hace brotar sus semillas,

así el Señor hará brotar la justicia

y los himnos, ante todos los pueblos.

 

Por amor de Sión no callaré,

por amor de Jerusalén no descansaré,

hasta que despunte la aurora de su justicia

y su salvación llamee como antorcha.

 

Los pueblos verán tu justicia,

y los reyes, tu gloria;

te pondrán un nombre nuevo

pronunciado por la boca del Señor.

 

Serás corona fúlgida en la mano del Señor

y diadema real en la palma de tu Dios.

 

Ya no te llamarán «Abandonada»;

ni a tu tierra, «Devastada»;

a ti te llamarán «Mi favorita»,

y a tu tierra, «Desposada»,

porque el Señor te prefiere a ti,

y tu tierra tendrá marido.

 

Como un joven se casa con su novia,

así te desposa el que te construyó;

la alegría que encuentra el marido con su esposa,

la encontrará tu Dios contigo.

 

Antífona 2 - El Señor me ha revestido de justicia y santidad.

 

Antífona 3 - Alabaré al Señor mientras viva.

 

Salmo 145

 

Alaba, alma mía, al Señor:

alabaré al Señor mientras viva,

tañeré para mi Dios mientras exista.

 

No confiéis en los príncipes,

seres de polvo que no pueden salvar;

exhalan el espíritu y vuelven al polvo,

ese día perecen sus planes.

 

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,

el que espera en el Señor, su Dios,

que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él;

 

que mantiene su fidelidad perpetuamente,

que hace justicia a los oprimidos,

que da pan a los hambrientos.

 

El Señor liberta a los cautivos,

el Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

 

el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos;

sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

 

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad.

 

Antífona 3 - Alabaré al Señor mientras viva.

 

Lectura breve  Dt 4, 39-40ª

 

Has de reconocer hoy y recordar que el Señor es Dios, en lo alto del cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro. Guarda los mandatos y preceptos que te voy a dar hoy.

 

Responsorio breve

V Bendigo al Señor en todo momento.

R Bendigo al Señor en todo momento.

V Su alabanza está siempre en mi boca.

R En todo momento.

V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R Bendigo al Señor en todo momento.

 

Cántico de Zacarías

 

Antífona: Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombras de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

 por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

 

Preces

 

Cristo, reflejo de la gloria del Padre, nos ilumina con su palabra; acudamos pues a él diciendo: Rey de la gloria, escúchanos.

 

Te bendecimos, Señor, autor y consumador de nuestra fe, * porque de las tinieblas nos has trasladado a tu luz admirable.

 

Tú que abriste los ojos de los ciegos y diste oído a los sordos, * aumenta nuestra fe.

 

Haz, Señor, que permanezcamos siempre en tu amor, * y que este amor nos guarde fraternalmente unidos.

 

Ayúdanos para que resistamos a la tentación, aguantemos en la tribulación * y te demos gracias en la prosperidad.

 

(Se pueden añadir algunas intenciones libres)

 

Dejemos que el Espíritu de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones, se una a nuestro espíritu, para clamar: Padre nuestro.

 

Oración

 

Recuerda, Señor, tu santa alianza consagrada con el nuevo sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblo obtenga el perdón de sus pecados, y un aumento constante de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

Conclusión

 

V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R Amén.

 

Oración de la Tarde – Vísperas

 

Invocación inicial

 

V Dios mío, ven en mi auxilio.

R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc.

 

Himno

 

Libra mis ojos de la muerte;

dales la luz, que es su destino.

Yo, como el ciego del camino,

pido un milagro para verte.

 

Haz de esta piedra de mis manos

una herramienta constructiva,

cura su fiebre posesiva

y ábrela al bien de mis hermanos.

Haz que mi pie vaya ligero.

Da de tu pan y de tu vaso

al que te sigue, paso a paso,

por lo más duro del sendero.

 

Que yo comprenda, Señor mío,

al que se queja y retrocede;

que el corazón no se me quede

desentendidamente frío.

 

Guarda mi fe del enemigo.

¡Tantos me dicen que estás muerto!

Y entre la sombra y el desierto

dame tu mano y ven conmigo. Amén.

 

Antífona 1 -  Señor, tu saber me sobrepasa.

 

Salmo 138, 1-18. 23-24

 

I

 

Señor, tú me sondeas y me conoces;

me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

 

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda.

Me envuelves por doquier,

me cubres con tu mano.

Tanto saber me sobrepasa,

es sublime, y no lo abarco.

 

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

 

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

tu diestra llegará hasta mí.

 

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día.

 

Antífona 1 -  Señor, tu saber me sobrepasa.

 

Antífona 2 - Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

 

II

 

Tú has creado mis entrañas,

me has tejido en el seno materno.

Te doy gracias,

porque me has formado portentosamente,

porque son admirables tus obras;

conocías hasta el fondo de mi alma,

no desconocías mis huesos.

 

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

y entretejiendo en lo profundo de la tierra,

tus ojos veían mis acciones,

se escribían todas en tu libro,

calculados estaban mis días

antes que llegase el primero.

 

¡Qué incomparables encuentro tus designios,

Dios mío, qué inmenso es su conjunto!

Si me pongo a contarlos, son más que arena;

si los doy por terminados, aún me quedas tú.

 

Señor, sondéame y conoce mi corazón

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno.

 

Antífona 2 - Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

 

Antífona 3 - Todo fue creado por él y para él.

 

Cántico  Col 1, 12-20

 

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

 

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

 

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

 

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

 

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

 

Antífona 3 - Todo fue creado por él y para él.

 

Lectura breve  1Jn 2, 3-6

 

Sabemos que hemos llegado a conocer a Cristo si guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus mandamientos, miente; y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra posee el perfecto amor de Dios. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que está siempre en él debe andar de continuo como él anduvo.

 

Responsorio breve

V Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

R Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V A la sombra de tus alas escóndenos.

R Como a las niñas de tus ojos.

V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

 

Cánticopues  si  de la Sma. Vg.

 

Antífona: Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

 

Preces

 

Invoquemos a Dios, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle: Que se alegren los que se acogen a ti, Señor.

 

Acuérdate, Señor, que enviaste a tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo; * haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.

 

Tú que constituiste a tus sacerdotes servidores de Cristo y administradores de tus misterios, * concédeles un corazón fiel, ciencia abundante y caridad intensa.

 

Tú que desde el principio creaste hombre y mujer, * guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.

 

Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos, * sigan con fidelidad a tu Hijo.

 

(Se pueden añadir algunas intenciones libres)

 

Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores, * concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.

 

Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración: Padre nuestro.

 

Oración

 

Acuérdate, Señor, de tu misericordia, y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

Conclusión

 

V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R Amén.

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