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Oración de Invocación inicial V Señor, abre mis labios. R Y mi boca proclamará tu alabanza. Himno Dejado ya el descanso de la noche, despierto en la alegría de tu amor, concédeme tu luz que me ilumine como ilumina el sol. No sé lo que será del nuevo día que entre luces y sombras viviré, pero sé que, si tú vienes conmigo, no fallará mi fe. Tal vez me esperan horas de desierto amargas y sedientas, mas yo sé que, si vienes conmigo de camino, jamás yo tendré sed. Concédeme vivir esta jornada en paz con mis hermanos y mi Dios, al sentarnos los dos para la cena, párteme el pan, Señor. Recibe, Padre santo, nuestro ruego, acoge por tu Hijo la oración que fluye del Espíritu en el alma que sabe de tu amor. Amén. Antífona 1 - En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia. Salmo 142, 1-11 Señor, escucha mi oración; tú que eres fiel, atiende a mi súplica; tú que eres justo, escúchame. No llames a juicio a tu siervo, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti. El enemigo me persigue a muerte, empuja mi vida al sepulcro, me confina a las tinieblas como a los muertos ya olvidados. Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto. Recuerdo los tiempos antiguos, medito todas tus acciones, considero las obras de tus manos y extiendo mis brazos hacia ti: tengo sed de ti como tierra reseca. Escúchame en seguida, Señor, que me falta el aliento. No me escondas tu rostro, igual que a los que bajan a la fosa. En la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti; indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti. Líbrame del enemigo, Señor, que me refugio en ti. Enséñame a cumplir tu voluntad, ya que tú eres mi Dios. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana. Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; por tu clemencia, sácame de la angustia. Antífona 1 - En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia. Antífona 2 - El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz. Cántico Is 66, 10-14ª Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; a su pecho seréis alimentados y os saciaréis de sus consuelos y apuraréis las delicias de sus pechos abundantes. Porque así dice el Señor: «Yo haré derivar hacia ella como un río la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado». Antífona 2 - El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz. Antífona 3 - Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. Salmo 146 Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel; él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. Entonad la acción de gracias al Señor, tocad la cítara para nuestro Dios, que cubre el cielo de nubes, preparando la lluvia para la tierra; que hace brotar hierba en los montes, para los que sirven al hombre; que da su alimento al ganado, y a las crías de cuervo que graznan. No aprecia el vigor de los caballos, no estima los músculos del hombre: el Señor aprecia a sus fieles, que confían en su misericordia. Antífona 3 - Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. Lectura breve Rom 8, 18-21 Los padecimientos de esta vida presente tengo por cierto que no son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros. La creación entera está en expectación, suspirando por esa manifestación gloriosa de los hijos de Dios; porque las creaturas todas quedaron sometidas al desorden, no porque a ello tendiesen de suyo, sino por culpa del hombre que las sometió. Y abrigan la esperanza de quedar ellas, a su vez, libres de la esclavitud gloriosa que han de recibir los hijos de Dios. Responsorio breve V Velando medito en ti, Señor. R Velando medito en ti, Señor. V Porque fuiste mi auxilio. R Medito en ti, Señor. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Velando medito en ti, Señor. Cántico de Zacarías Antífona: Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados. Preces Invoquemos a Dios, de quien viene la salvación para su pueblo, diciendo: Tú, que eres nuestra vida, escúchanos, Señor. Bendito seas, Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque en tu gran misericordia nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, * por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Tú que, en Cristo, renovaste al hombre, creado a imagen tuya, * haz que reproduzcamos la imagen de tu Hijo. Derrama en nuestros corazones, lastimados por el odio y la envidia,* tu Espíritu de amor. Concede hoy trabajo a quienes lo buscan, pan a los hambrientos, alegría a los tristes, * a todos la gracia y la salvación. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto nos atrevemos a decir: Padre nuestro. Oración Concédenos, Señor, acoger siempre el anuncio de la salvación para que, libres de temor, y arrancados de la mano de los enemigos te sirvamos, con santidad y justicia, todos nuestros días. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |
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Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Libra mis ojos de la muerte; dales la luz, que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte. Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva, cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos. Haz que mi pie vaya ligero. Da de tu pan y de tu vaso al que te sigue, paso a paso, por lo más duro del sendero. Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo. ¡Tantos me dicen que estás muerto! Y entre la sombra y el desierto dame tu mano y ven conmigo. Amén. Antífona 1 - Tú eres, Señor, mi bien-hechor, y mi refugio donde me pongo a salvo. Salmo 143 I Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea; mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos. Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? ¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa. Señor, inclina tu cielo y desciende, toca los montes, y echarán humo, fulmina el rayo y dispérsalos, dispara tus saetas y desbarátalos. Extiende la mano desde arriba: defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas, de la mano de los extranjeros, cuya boca dice falsedades, cuya diestra jura en falso. Antífona 1 - Tú eres, Señor, mi bien-hechor, y mi refugio donde me pongo a salvo. Antífona 2 - Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. II Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David, tu siervo. Defiéndeme de la espada cruel, sálvame de las manos de extranjeros, cuya boca dice falsedades, cuya diestra jura en falso. Sean nuestros hijos un plantío, crecido desde su adolescencia; nuestras hijas sean columnas talladas, estructura de un templo. Que nuestros silos estén repletos de frutos de toda especie; que nuestros rebaños a millares se multipliquen en las praderas, y nuestros bueyes vengan cargados; que no haya brechas ni aberturas, ni alarma en nuestras plazas. Dichoso el pueblo que esto tiene dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Antífona 2 - Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Antífona 3 - Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios. Cántico Ap 11, 17-18; 12, 10b-12ª Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el que eres y el que eras, porque has asumido el gran poder y comenzaste a reinar. Se encolerizaron las naciones, llegó tu cólera, y el tiempo de que sean juzgados los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre, y a los pequeños y a los grandes, y de arruinar a los que arruinaron la tierra. Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche. Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas. Antífona 3 - Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios. Lectura breve Col 1, 23 Perseverad firmemente fundados e inconmovibles en la fe y no os apartéis de la esperanza del Evangelio que habéis oído, que ha sido predicado a toda creatura bajo los cielos. Responsorio breve V El Señor es mi pastor, nada me falta. R El Señor es mi pastor, nada me falta. V En verdes praderas me hace recostar. R Nada me falta. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R El Señor es mi pastor, nada me falta. Cántico de Antífona: A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes. Preces Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados: Señor, danos tu luz, la salvación y la paz. Luz indeficiente y palabra eterna del Padre, tú que has venido a salvar a los hombres, * ilumina a los catecúmenos de No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor, * pues de ti procede el perdón. Señor, tú que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza, * haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres. Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos; * que con libertad de espíritu y sin desánimo puedan realizar su ideal. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Señor, tú que abres y nadie puede cerrar, ilumina a nuestros difuntos que yacen en tiniebla y en sombra de muerte, * y ábreles las puertas de tu reino. Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente nos atrevemos a decir: Padre nuestro. Oración Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |













