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Oración de Invocación inicial V Señor, abre mis labios. R Y mi boca proclamará tu alabanza. Himno Cuando vuelvo hacia ti mi pecado Iba pensando en confesar sincero El dolor desgarrado y verdadero Del delito de haber abandonad; Cuando pobre vuelvo a ti humillado, Me ofrecí como inmundo pordiosero Cuando, temiendo tu mirar severo, baje los ojos; me sentí abrazado sentí mis labios por tu amor sellados y ahogarse entre tus lagrimas divinas la triste confesión de mis pecados. Llenosé el alma en luces matutinas, Y viendo ya mis males perdonados, Quise para mi frente tus espinas. Amén. Antífona 1 - Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia. Salmo 91 Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad, con arpas de diez cuerdas y laúdes sobre arpegios de cítaras. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios! El ignorante no los entiende ni el necio se da cuenta. Aunque germinen como hierba los malvados y florezcan los mal-hechores, serán destruidos para siempre. Tú, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos. Porque tus enemigos, Señor, perecerán, los malhechores serán dispersados; pero a mí me das la fuerza de un búfalo y me unges con aceite nuevo. Mis ojos no temerán a mis enemigos, mis oídos escucharán su derrota. El justo crecerá como una palmera y se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios; en la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. Antífona 1 - Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia. Antífona 2 - Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo. Cántico Ez 36, 24-28 Os recogeré de entre las naciones, /os reuniré de todos los países, /y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. Antífona 2 - Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo. Antífona 3 - De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza. Salmo 8 Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde. Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos; la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él; el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por las aguas. Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Antífona 3 - De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza. Lectura breve Is 1, 16-18 «Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, protejed a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos –dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grama, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana». Responsorio breve V Él me librará de la red del cazador. R Él me librará de la red del cazador. V Me cubrirá con su plumaje. R Él me librará de la red del cazador. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Él me librará de la red del cazador. Cántico de Zacarías Antífona: Jamás hombre ha hablado como éste Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Jamás hombre ha hablado como éste Preces Demos gracias siempre y en todo lugar a Cristo, nuestro Salvador, y supliquémosle, diciendo: Ayúdanos, Señor, con tu gracia. Concédenos guardar sin mancha nuestros cuerpos, * para que el Espíritu Santo pueda habitar en ellos. Desde el comienzo del día acrecienta en nosotros el amor a nuestros hermanos * y el deseo de cumplir tu voluntad en todas las acciones de esta jornada. Danos hambre del alimento que perdura y da la vida eterna, * y que tú diariamente nos proporcionas. Que interceda por nosotros tu santísima Madre, refugio de peca-dores, * para que obtengamos el perdón de nuestros pecados. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Pidamos al Padre que nos libre de todo mal, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro. Oración Señor, que tu amor misericordioso dirija siempre nuestros deseos y actividades, pues sabemos que sin tu ayuda no podemos complacerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |
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Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Insigne defensor de nuestras causas, Señor y salvador de pueblo humano, acoge nuestras suplicas humildes, perdona nuestras culpas y pecados. El día con sus gozos y sus penas Pasó dejando huellas en el alma, Igual que nuestros pies en su camino Dejaron en el polvo sus pisadas. No dejes de mirarnos en la noche, dormida nuestra vida en su regazo; vigila el campamento de los hombres, camino de tu reino ya cercano. Ahuyenta de tu pueblo la zozobra, sé nube luminosa en el desierto, sé fuerza recobrada en el descanso, mañana y horizonte siempre abierto. Bendice, Padre Santo, la tarea Del pueblo caminante en la promesa; llegamos a Emaús, tu Hijo amando nos parta el pan y el vino en la cena. Amén. Antífona 1 - Pondré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Salmo 140, 1-9 Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Coloca, Señor, un guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes. Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo opondré mi oración a su malicia. Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables; como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba. Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores. Antífona 1 - Pondré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Antífona 2 - Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Salmo 141 A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento. Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me han escondido una trampa. Me vuelvo a la derecha y miro: nadie me hace caso; no tengo adónde huir, nadie mira por mi vida. A ti grito, Señor; te digo: «Tú eres mi refugio y mi heredad en el país de la vida». Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis per-seguidores, que son más fuertes que yo. Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor. Antífona 2 - Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Antífona 3 - A pesar de ser Hijo, aprendió en sus padecimientos la obediencia. Cántico Fil 2, 6-11 Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo -nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor; para gloria de Dios Padre. Antífona 3 - A pesar de ser Hijo, aprendió en sus padecimientos la obediencia. Lectura breve 1Pe 1, 18-21 Ya sabéis con qué os rescataron: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha. Ya de antes de la creación del mundo estaba él predestinado para eso; y al fin de los tiempos se ha manifestado por amor a vosotros. Por él creéis en Dios que lo resucitó de entre los muertos y lo glorificó. Así vuestra fe y esperanza se centran en Dios. Responsorio breve V Escúchanos, Señor y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. R Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. V Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos. R Porque hemos pecado contra ti. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. Cántico de Antífona: No es la ley lo que nos justifica, sino la fe en Cristo. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: No es la ley lo que nos justifica, sino la fe en Cristo. Preces Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que ha querido ser nuestro Maestro, nuestro ejemplo es nuestro hermano, y supliquémosle, diciendo: Renueva, Señor, a tu pueblo. Cristo, hecho en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y sepamos llorar con los que están tristes,* para que nuestro amor crezca y sea verdadero. Concédenos saciar tu hambre en los hambrientos * y tu sed en los sedientos. Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte, * haz que, por la fe y la penitencia, los pecadores vuelvan a la vida cristiana. Haz que todos, según el ejemplo de (Se pueden añadir algunas intenciones libres). Concédenos, Señor, que nuestros hermanos difuntos sean admitidos a la gloria de la resurrección * y gocen eternamente de tu amor. Pidamos a nuestro Padre que nos dé la fuerza que necesitamos para no caer en la tentación: Padre nuestro. Oración Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |












