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Oración de Invocación inicial V Señor, abre mis labios. R Y mi boca proclamará tu alabanza. Himno Oh sol de salvación, oh Jesucristo, alumbra lo más hondo de las almas, en tanto que la noche retrocede, y el día sobre el mundo se levanta. Junto con este favorable tiempo Danos ríos de lágrimas copiosas, para alabar el corazón que ardiendo en jubilosa caridad, se inmola. La fuente que hasta ayer manó delitos ha de manar desde hoy perenne llanto, si con la vara de la penitencia el pecho empedernido en castigado. Ya se avecina el día, el día tuyo, Volverá a florecer el universo; Compartamos su gozo lo que fuimos Devueltos por tu mano a tus senderos. Oh Trinidad clemente, que te adoren tierra y cielo a tus pies arrodillados, y que nosotros por tu gracia nuevos, cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén. Antífona 1 - Tú, Señor, fuiste mi auxilio. Salmo 62, 2-9 ¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo; mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré de manjares exquisitos, y mis labios te alabarán jubilosos. En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. Antífona 1 - Tú, Señor, fuiste mi auxilio. Antífona 2 - Líbranos según tus maravillas, y sálvanos del poder de la muerte. Cántico Dn 3, 57-88. 56 Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos. Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor. Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor. Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor. Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor. Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor. Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor. Escarchas y nieves, bendecid al Señor, noche y día, bendecid al Señor. Luz y tinieblas, bendecid al Señor, rayos y nubes, bendecid al Señor. Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos. Montes y cumbres, bendecid al Señor, cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor. Manantiales, bendecid al Señor, mares y ríos, bendecid al Señor. Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor. Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos. Hijos de los hombres, bendecid al Señor, bendiga Israel al Señor. Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor. Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor. Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos. Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos. Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos. Antífona 2 - Líbranos según tus maravillas, y sálvanos del poder de la muerte. Antífona 3 - Ha llegado la hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre. Salmo 149 Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes. Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos: para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones, sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro. Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles. Antífona 3 - Ha llegado la hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre. Lectura breve Lv 23, 4-7 Éstas son las festividades del Señor, las asambleas litúrgicas que convocaréis a su debido tiempo. El día catorce del primer mes, al atardecer, es Responsorio breve V Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. R Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. V Tú que fuiste triturado por nuestros crímenes. R Ten piedad de nosotros. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Cántico de Zacarías Antífona: “No penséis en lo antiguo –dice el Señor–; mirad que realizo algo nuevo”. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: “No penséis en lo antiguo –dice el Señor–; mirad que realizo algo nuevo”. Preces Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación; acudamos, pues, a nuestro Redentor que nos concede estos días de perdón, y, bendiciéndole, digamos: Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo. Cristo, vida nuestra, tú que por el bautismo nos has sepultado místicamente contigo en la muerte, para que contigo también resucitemos, * concédenos andar hoy en vida nueva. Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien, * haz que también nosotros seamos solícitos del bien de todos los hombres. Ayúdanos, Señor, a trabajar concordes en la edificación de nuestra ciudad terrena, * sin olvidar nunca tu reino eterno. Tú, Señor, que eres médico de los cuerpos y de las almas, * sana las dolencias de nuestro espíritu para que crezcamos cada día en santidad. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Ya que la fuerza para no caer en la tentación nos viene de Dios, acudamos al Padre, diciendo: Padre nuestro. Oración Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |
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Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Oh bondadoso creador, escucha La voz de nuestra suplicas y el llanto Que mientras dura el sacrosanto ayuno De estos cuarenta días, derramamos. A ti, que escrutas nuestros corazones Y que conoces todas sus flaquezas Nos dirigimos para suplicarte La gracia celestial de tu indulgencia. Mucho ha sido, en verdad, lo que pecamos, Pero estamos, al fin, arrepentidos, T te pedimos, por tu excelso nombre, Que nos cure los males que sufrimos. Haz que, contigo ya reconciliados, Podamos dominar a nuestros cuerpos, y, llenos de tu amor y de gracia, no pequen mas los corazones nuevos. Oh Trinidad Santísima, concédenos, Oh simplísima unidad, otórganos Que los efectos de la penitencia De estos días nos sean provechosos. Amén. Antífona 1 - Así como fue levantada en alto la serpiente en el desierto, así deberá ser levantado en alto el Hijo del hombre. Salmo 109, 1-5. 7 Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies». Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora». El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec». El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes. En su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza. Antífona 1 - Así como fue levantada en alto la serpiente en el desierto, así deberá ser levantado en alto el Hijo del hombre. Antífona 2 - El Señor de los ejércitos es protección liberadora, rescate salvador. Salmo 113 A Cuando Israel salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente, Judá fue su santuario, Israel fue su dominio. El mar, al verlos, huyó, el Jordán se echó atrás; los montes saltaron como carneros; las colinas, como corderos. ¿Qué te pasa, mar, que huyes, y a ti, Jordán, que te echas atrás? ¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros; colinas, que saltáis como corderos? En presencia del Señor se estremece la tierra, en presencia del Dios de Jacob; que transforma las peñas en estanques, el pedernal en manantiales de agua. Antífona 2 - El Señor de los ejércitos es protección liberadora, rescate salvador. Antífona 3 - Él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes, por sus llagas hemos sido curados. Cántico 1Pe 2, 21b-24 Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado. Antífona 3 - Él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes, por sus llagas hemos sido curados. Lectura breve He 13, 26-30ª Hermanos, a vosotros envía Dios este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento a las palabras de los profetas que se leen cada sábado. Y, a pesar de que no encontraron en él causa alguna digna de muerte, pidieron a Pilato que lo hiciera morir. Una vez que cumplieron todo lo que de él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo depositaron en un sepulcro. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Responsorio breve V Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. R Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. V Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos. R Porque hemos pecado contra ti. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. Cántico de Antífona: Mujer, yo no te condeno; vete, y en adelante no peques más. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Mujer, yo no te condeno; vete, y en adelante no peques más. Preces Demos gloria y alabanza a Dios Padre que, por medio de su Hijo, Escucha, Dios de misericordia, la oración que te presentamos en favor de tu pueblo * y concede a tus fieles desear tu palabra más que el alimento del cuerpo. Enséñanos a amar de verdad y sin discriminación a nuestros hermanos y a los hombres de todas las razas, * y a trabajar por su bien y por la concordia mutua. Pon tus ojos en los catecúmenos que se preparan para el bautismo * y haz de ellos piedras vivas y templo espiritual en tu honor. Tú que por la predicación de Jonás exhortaste a los ninivitas a la penitencia, * haz que tu palabra llame a los pecadores a la conversión. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Haz que los moribundos esperen confiadamente el encuentro con Cristo, su juez, * y gocen eternamente de tu presencia. Unidos fraternalmente, dirijamos al Padre nuestra oración común: Padre nuestro. Oración Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |













