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Oración de Invocación inicial V Señor, abre mis labios. R Y mi boca proclamará tu alabanza. Himno Ojos muertos que miráis con mirar indescriptible y con fuerza irresistible atraéis y cautiváis, ¿por qué, si muertos estáis, tenéis tan viva expresión que así turbáis mi razón trocando vuestras miradas en dos punzantes espadas que parten mi corazón? Al veros, ojos piadosos, todo mi ser se conmueve ¿Quién a miraros se atreve sin llorar, ojos llorosos? Me cautiváis amorosos, me reprendéis justicieros, inspiráis dolor y calma, sois tiernos y sois severos, y las borrascas del alma enfrenáis sólo con veros. ¡Ah! Permitid ojos píos, ojos que sois el encanto del cielo, que con mi llanto borre mis locos desvíos; bebí en cenagosos ríos aguas de ponzoñas llenas que, al infiltrarse en mis venas, causaron fiebres ardientes. ¡Cómo olvidé que erais fuentes de aguas dulces y serenas! Amén. Antífona 1 - Defiende mi causa, Señor, sálvame del hombre traidor y malvado. Salmo 42 Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado. Tú eres mi Dios y protector, ¿por qué me rechazas? ¿Por qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo? Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Señor, Dios mío. ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío». Antífona 1 - Defiende mi causa, Señor, sálvame del hombre traidor y malvado. Antífona 2 - Tú defendiste, Señor, la causa de mi alma y rescataste mi vida, Señor, Dios mío. Cántico Is 38, 10-14. 17-20 Yo pensé: «En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo; me privan del resto de mis años». Yo pensé: «Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo. Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores. Como un tejedor devanaba yo mi vida y me cortan la trama». Día y noche me estás acabando, sollozo hasta el amanecer. Me quiebras los huesos como un león, día y noche me estás acabando. Estoy piando como una golondrina, gimo como una paloma. Mis ojos mirando al cielo se consumen: ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí! Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados. El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba, ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa. Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora. El padre enseña a sus hijos tu fidelidad. Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor. Antífona 2 - Tú defendiste, Señor, la causa de mi alma y rescataste mi vida, Señor, Dios mío. Antífona 3 - Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Salmo 64 ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión, y a ti se te cumplen los votos, porque tú escuchas las súplicas. A ti acude todo mortal a causa de sus culpas; nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonas. Dichoso el que tú eliges y acercas para que viva en tus atrios: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo. Con portentos de justicia nos respondes, Dios, Salvador nuestro; tú, esperanza del confín de la tierra y del océano remoto; tú que afianzas los montes de tu fuerza, ceñido de poder; tú que reprimes el estruendo del mar, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos. Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos, y a las puertas de la aurora y del ocaso las llenas de júbilo. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales; riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes; coronas el año con tus bienes, las rodadas de tu carro rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría; las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan. Antífona 3 - Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Lectura breve Za 12, 10-11ª Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día será grande el luto de Jerusalén. Responsorio breve V Nos has comprado, Señor, por tu sangre. R Nos has comprado, Señor, por tu sangre. V De entre toda raza, lengua, pueblo y nación. R Nos has comprado, Señor, por tu sangre. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Nos has comprado, Señor, por tu sangre. Cántico de Zacarías Antífona: Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti, antes que el mundo existiese. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti, antes que el mundo existiese. Preces Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y digámosle: Señor, ten piedad de nosotros. Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del sol-dado, * sana nuestras heridas. Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol. Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Siguiendo la enseñanza de Jesucristo, que nos ha hecho hijos de Dios, digamos juntos a nuestro Padre: Padre nuestro. Oración Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |
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Oración de Invocación inicial V Dios mío, ven en mi auxilio. R Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc. Himno Brille la cruz del Verbo, luminosa, brille como la carne sacratísima de aquel Jesús nacido de la Virgen que en la gloria del Padre vive y brilla. Gemía Adán doliente y conturbado, lágrimas Eva junto a Adán vertía; brillen sus rostros por la cruz gloriosa, cruz que se enciende cuando el Verbo expira. ¡Salve, cruz de los montes y caminos, junto al enfermo suave medicina, regio trono de Cristo en las familias, cruz de nuestra fe, salve cruz bendita! Reine el Señor crucificado, levantando la cruz donde moría; nuestros enfermos ojos buscan luz, nuestros labios el río de la vida. Te adoramos, oh cruz que fabricamos pecadores con manos deicidas; te adoramos, ornato del Señor, sacramento de nuestra eterna dicha. Amén. Antífona 1 - Oía las burlas de la gente: «Terror por doquier», pero el Señor está conmigo, como fuerte guerrero». Salmo 48 I Oíd esto, todas las naciones, escuchadlo, habitantes del orbe: plebeyos y nobles, ricos y pobres; mi boca hablará sabiamente, y serán muy sensatas mis reflexiones; prestaré oído al proverbio y propondré mi problema al son de la cítara. ¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y me acechen los malvados, que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas, si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa. Mira: los sabios mueren, lo mismo que perecen los ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños. El sepulcro es su morada perpetua y su casa de edad en edad, aunque hayan dado nombre a países. El hombre no perdura en la opulencia, sino que perece como los animales. Antífona 1 - Oía las burlas de la gente: «Terror por doquier», pero el Señor está conmigo, como fuerte guerrero». Antífona 2 - Sal fiador por mí ante ti mismo, Señor, ¿por quién, si no, me dará la mano? II Éste es el camino de los confiados, el destino de los hombres satisfechos: son un rebaño para el abismo la muerte es su pastor, y bajan derechos a la tumba; se desvanece su figura y el abismo es su casa. Pero a mí, Dios me salva, me saca de las garras del abismo y me lleva consigo. No te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa: cuando muera, no se llevará nada, su fasto no bajará con él. Aunque en vida se felicitaba: «Ponderan lo bien que lo pasas», irá a reunirse con sus antepasados, que no verán nunca la luz. El hombre rico e inconsciente es como un animal que perece. Antífona 2 - Sal fiador por mí ante ti mismo, Señor, ¿por quién, si no, me dará la mano? Antífona 3 - Fuiste degollado, Señor, y por tu sangre nos compraste para Dios. Cántico Ap 4, 11; 5, 9-10. 12 Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado. Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y por tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes y reinan sobre la tierra. Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza. Antífona 3 - Fuiste degollado, Señor, y por tu sangre nos compraste para Dios. Lectura breve 1Co 1, 27b-30 Lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más: ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta; de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Responsorio breve V Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. V Porque con tu santa cruz redimiste al mundo. R Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. V Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. Cántico de Antífona: Soy libre para dar mi vida y libre para volverla a tomar. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: Soy libre para dar mi vida y libre para volverla a tomar. Preces Adoremos a Jesús, el Salvador del género humano, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida, y pidámosle humil-demente: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre. Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección. Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, * para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas. Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida, * para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación. Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * concede a tus fieles obediencia y paciencia. (Se pueden añadir algunas intenciones libres) Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, * y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad. Dirijámonos a Dios con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro. Oración Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Conclusión V El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R Amén. |












